En una era donde las relaciones amorosas están en constante transformación y la tecnología ha revolucionado nuestras formas de vincularnos, la infidelidad sigue siendo uno de los temas más polémicos —y recurrentes— en las conversaciones de pareja. La gran pregunta que muchos se hacen es: ¿quién es más infiel, el hombre o la mujer? Aunque tradicionalmente se ha atribuido a los hombres una mayor tendencia a engañar, nuevas investigaciones están reescribiendo este relato.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la infidelidad es la segunda causa de divorcio en México, y uno de los factores que más fractura la confianza entre las parejas. Sin embargo, no todo es blanco y negro: las estadísticas, los estudios psicológicos y los cambios socioculturales muestran un panorama mucho más matizado, donde el género no siempre define la fidelidad.


Lo que dicen los estudios: ¿quién engaña más?

Durante años, múltiples encuestas y estudios han intentado cuantificar la infidelidad en función del género. Un estudio realizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León, por ejemplo, arrojó un dato contundente: el 30.6% de los hombres mexicanos admitieron haber sido infieles, frente a un 16% de mujeres. La brecha parecería clara: los hombres engañan casi el doble que las mujeres. Pero, ¿es realmente así?

Investigaciones más recientes han comenzado a desafiar esa idea. Un análisis de la Universidad Estatal de Missouri, en Estados Unidos, sugiere que las mujeres no solo están cerrando la brecha, sino que en ciertos contextos incluso podrían superar a los hombres en comportamientos infieles. Este giro en la narrativa responde a múltiples factores, entre ellos, el empoderamiento femenino, el cuestionamiento de los roles tradicionales y un cambio profundo en la forma en que se concibe el deseo sexual.


La raíz del engaño: ¿por qué somos infieles?

Entender quién engaña más es solo una parte del rompecabezas. La verdadera clave está en por qué se comete la infidelidad, y aquí sí se perciben diferencias marcadas entre hombres y mujeres.

  • Los hombres, según numerosos estudios de psicología evolutiva, tienden a ser infieles por motivos físicos y sexuales. La búsqueda de novedad, la excitación, o simplemente una oportunidad circunstancial suelen ser detonantes comunes.
  • Las mujeres, en contraste, frecuentemente recurren a la infidelidad por razones emocionales: sentirse ignoradas, no valoradas o emocionalmente desconectadas de su pareja. La infidelidad femenina, muchas veces, no nace del deseo sexual sino de la necesidad de conexión afectiva.

Pero estas generalizaciones no deben entenderse como reglas absolutas. En la práctica, las motivaciones son diversas y profundamente individuales. El aburrimiento, la venganza, la inseguridad personal, la búsqueda de validación, o incluso la curiosidad, también figuran entre las razones que hombres y mujeres comparten a la hora de cruzar esa línea.


La infidelidad en la era digital: Más allá del contacto físico

El amor digital ha transformado el juego. En la actualidad, no hace falta un encuentro físico para cometer una infidelidad. Las redes sociales, los chats privados y las plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp han difuminado los límites de la fidelidad.

El llamado «sexting», el envío de fotos íntimas, o incluso una conversación emocionalmente intensa pueden ser interpretadas como traición por muchas parejas. Esta “zona gris” de la infidelidad ha generado nuevas tensiones en las relaciones, obligando a las personas a redefinir sus acuerdos.

Un estudio publicado por The Journal of Social and Personal Relationships sugiere que más del 60% de las personas consideran que una relación emocional online también es una forma de infidelidad, aunque no exista contacto físico. Esto demuestra cómo la tecnología ha multiplicado las formas de conexión… y de engaño.


Infidelidad emocional vs. infidelidad sexual

Otra distinción clave al hablar de este fenómeno es entre infidelidad emocional e infidelidad sexual. La primera ocurre cuando una persona establece una conexión profunda con alguien que no es su pareja, compartiendo intimidades, tiempo y emociones. La segunda implica un acto físico fuera del compromiso conyugal o de pareja.

Curiosamente, varios estudios muestran que los hombres tienden a sentirse más traicionados por una infidelidad sexual, mientras que las mujeres sufren más cuando descubren una infidelidad emocional. Esta diferencia podría estar relacionada con cómo cada género prioriza la intimidad: física en unos casos, emocional en otros.


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Infidelidad en México: El género más infiel según estudios recientes Getty Images

¿Estamos destinados a ser infieles?

Este es quizás el punto más espinoso del debate. Algunos teóricos, como el antropólogo David Barash, argumentan que la monogamia no es natural para los seres humanos y que la infidelidad podría estar en nuestros genes. Desde una perspectiva evolutiva, buscar múltiples parejas aumentaría las probabilidades de reproducción.

Sin embargo, otros expertos señalan que la fidelidad es una elección consciente y cultural, moldeada por valores, acuerdos personales y vínculos emocionales. No es algo que se impone por instinto, sino que se construye día a día en cada relación.


¿Existe cura para la infidelidad?

No hay una receta mágica. Algunas parejas logran superar una infidelidad y reconstruir la confianza, mientras que para otras el engaño representa una ruptura definitiva. La clave, según los terapeutas de pareja, está en la honestidad emocional, la comunicación y la voluntad mutua de entender lo que llevó al desliz.

Hoy, más que nunca, se impone la necesidad de hablar abiertamente sobre los límites, deseos y expectativas dentro de una relación. En vez de asumir que “la fidelidad es obvia”, muchas parejas modernas están redefiniendo sus reglas, ya sea con modelos tradicionales o más flexibles, como la no monogamia consensuada.


Más allá del género, la fidelidad es una decisión

La pregunta sobre quién es más infiel, si hombres o mujeres, sigue teniendo matices. Si bien los datos aún muestran a los hombres con una ligera delantera, la diferencia se está acortando, y cada vez es más evidente que la infidelidad no es patrimonio exclusivo de ningún género.Lo que realmente importa es cómo las parejas enfrentan este tema, cómo se comunican y qué acuerdos construyen. Porque en el fondo, la fidelidad no es solo cuestión de estadísticas, sino de compromisos personales, autoconocimiento y respeto mutuo.

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