Mientras el ruido mediático del Mundial 2026 domina conversaciones, redes sociales y titulares, una película mexicana está tomando otro camino: uno más íntimo, crudo y emocional. En el camino, dirigida por David Pablos y producida por Diego Luna, llega a salas como una de las apuestas cinematográficas más importantes del cine mexicano contemporáneo.

Pero reducirla a una “película LGBT” sería quedarse demasiado corto.

La cinta, ganadora de importantes reconocimientos internacionales tras su paso por el Festival de Venecia 2025, construye una historia de amor entre dos hombres dentro de un universo pocas veces explorado con esta sensibilidad en el cine nacional: el mundo de los traileros, las carreteras interminables, las cachimbas y los paisajes ásperos del norte de México.

Con actuaciones magnéticas, una estética casi documental y una narrativa que evita caer en lugares comunes, En el camino se perfila como una de las películas mexicanas más relevantes y comentadas del año.

Una historia de amor en medio de la carretera

La película sigue a Veneno, interpretado por Víctor Prieto, un joven errante que sobrevive entre paraderos de camioneros, vendiendo droga y ofreciendo su cuerpo en un entorno marcado por la violencia y la precariedad. Su vida cambia cuando conoce a Muñeco, un trailero interpretado por Osvaldo Sánchez, con quien inicia un recorrido físico y emocional a través de distintas rutas del país.

Lo que comienza como una convivencia circunstancial termina convirtiéndose en una relación inesperada, intensa y profundamente humana.

David Pablos evita romantizar el contexto. Aquí no hay paisajes idealizados ni una visión turística de México. El director apuesta por mostrar un universo áspero donde el peligro está presente en cada parada, en cada silencio y en cada mirada.

Sin embargo, en medio de esa tensión permanente, emerge algo inesperado: la ternura.

Y es precisamente ahí donde En el camino encuentra su fuerza.

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Cinepolis

El cine queer mexicano entra en una nueva etapa

Durante años, muchas historias LGBT en el cine mexicano estuvieron limitadas a ciertos estereotipos o a narrativas urbanas muy específicas. En el camino rompe con eso al colocar una historia queer dentro de un entorno profundamente masculinizado y atravesado por códigos tradicionales de machismo.

La película explora temas como la masculinidad, el miedo a la vulnerabilidad, la necesidad de afecto y las contradicciones emocionales de hombres que crecieron bajo estructuras rígidas sobre lo que significa “ser hombre”.

Lejos de buscar discursos obvios o escenas diseñadas únicamente para impactar, Pablos construye una historia mucho más orgánica y emocional.

El resultado es una película que habla sobre amor, deseo, violencia, soledad y supervivencia sin necesidad de etiquetas simplistas.

Por eso tanto el director como su elenco han insistido en algo importante: En el camino no está hecha únicamente para el público LGBT.

Es una película sobre conexiones humanas.

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En el camino

El origen de En el camino: una obsesión cinematográfica

La idea nació hace años, cuando David Pablos visitó un taller mecánico en el norte del país acompañado por un fotógrafo oaxaqueño. Ahí tuvo su primer acercamiento al mundo trailero y quedó completamente fascinado por la dinámica de las carreteras mexicanas.

El director encontró en ese universo una estética poderosa, pero también una enorme posibilidad narrativa.

Las largas jornadas al volante, la hermandad entre camioneros, las cachimbas, el aislamiento, la violencia cotidiana y los códigos masculinos de ese entorno se convirtieron en el escenario perfecto para construir una historia emocionalmente compleja.

Y esa decisión fue clave para darle identidad a la película.

Porque aunque En el camino funciona como una road movie, también es un retrato social del México fronterizo y de los espacios que rara vez aparecen en el cine desde una mirada tan íntima.

Ciudad Juárez: el otro gran protagonista

Uno de los aspectos más impactantes de la película es su construcción visual.

La fotografía de Ximena Goded convierte a Ciudad Juárez y a las carreteras del norte en personajes vivos dentro de la narrativa. Los parques industriales, los tráileres estacionados, las luces nocturnas y el desierto crean una atmósfera casi postapocalíptica que potencia la tensión emocional de la historia.

No hay glamour artificial ni estética edulcorada.

La cámara se siente cercana, inmersiva y profundamente humana. Muchas escenas parecen capturadas desde la observación documental, como si el espectador viajara dentro del tráiler junto a los protagonistas.

Ese realismo visual es parte de lo que vuelve tan poderosa a la película.

Porque En el camino no busca verse “bonita”; busca sentirse real.

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Cinepolis

Un casting fuera de lo convencional

Otro de los elementos más interesantes del proyecto es la manera en que se construyó su elenco principal.

Víctor Prieto, quien interpreta a Veneno, no era actor profesional. Fue descubierto durante un extenso proceso de casting realizado en Ciudad Juárez, donde el equipo colocó anuncios en bares y espacios LGBT buscando personas sin experiencia previa.

David Pablos encontró en él algo que iba más allá de la técnica: autenticidad.

El proceso de preparación fue intenso. Durante semanas, el elenco trabajó en construir un lenguaje corporal y emocional que encajara con el tono naturalista de la película.

Por su parte, Osvaldo Sánchez llevó la experiencia aún más lejos: aprendió a manejar tráileres, obtuvo licencia de trailero y convivió en carretera para comprender realmente el mundo que estaba interpretando.

Ese compromiso se nota en pantalla.

La química entre ambos protagonistas sostiene gran parte de la fuerza emocional de la película y evita que la historia caiga en clichés melodramáticos.

Diego Luna y la apuesta por un cine diferente

La participación de Diego Luna como productor fue fundamental para que En el camino pudiera realizarse sin comprometer la visión creativa de David Pablos.

A través de La Corriente del Golfo —la productora fundada junto a Gael García Bernal— Luna respaldó una película arriesgada, íntima y alejada de las fórmulas comerciales más convencionales.

Y aunque estrenar durante la fiebre mundialista parecía un movimiento complicado, el equipo decidió mantener la fecha de lanzamiento.

La razón es simple: ofrecer una alternativa.

Mientras millones de personas estarán enfocadas en el futbol, En el camino apuesta por convertirse en ese espacio de pausa donde el cine vuelve a sentirse como una experiencia emocional y no solo como entretenimiento rápido.

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En el camino

Una película mexicana que merece conversación

Lo más interesante de En el camino es que no necesita exagerar sus emociones para impactar.

La película encuentra su potencia en los silencios, en las miradas incómodas, en la fragilidad escondida detrás de personajes aparentemente duros y en esa sensación constante de peligro que acompaña todo el viaje.

David Pablos entrega una obra madura, sensible y visualmente poderosa que confirma el gran momento que vive el cine mexicano contemporáneo.

Más allá de su dimensión queer, la cinta logra tocar temas universales: el deseo de ser visto, la necesidad de afecto y el miedo a mostrarse vulnerable en un mundo que constantemente exige dureza.

Y quizás por eso está conectando tan fuerte con quienes ya la vieron en festivales internacionales.

Porque al final, En el camino no habla únicamente sobre orientación sexual o identidad. Habla sobre la posibilidad de encontrar humanidad incluso en los espacios más hostiles.

Y esa es precisamente la clase de historias que permanecen mucho tiempo después de que terminan los créditos.

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