En la ciudad eterna, donde cada piedra es testigo de milenios de historia, Dolce & Gabbana encontró el escenario perfecto para su nueva colección de Alta Sartoria: Castel Sant’Angelo. Esta imponente fortaleza a orillas del Tíber, antigua residencia papal y mausoleo imperial, se transformó por una noche en un altar dedicado a la belleza, el ritual y el esplendor masculino.
La colección Alta Sartoria 2025, firmada por Domenico Dolce y Stefano Gabbana, no fue simplemente un desfile de moda, sino una misa estética. Un ejercicio de teatralidad ceremonial que se inspiró en la liturgia católica y en la iconografía renacentista para reinventar la masculinidad desde una perspectiva sacra, grandilocuente y meticulosamente artesanal.

Moda como liturgia: el esplendor del detalle
«La Iglesia ha tenido siempre una estética codificada, rica en simbolismos y profundamente teatral», explicaron los diseñadores. De esta premisa nació una propuesta donde las prendas masculinas toman forma de dalmáticas, capas, piviali y ornamentos que podrían estar resguardados en sacristías barrocas. Las siluetas, majestuosas y solemnes, evocan la figura de un cardenal moderno, de un príncipe eclesiástico que desfila no solo para ser visto, sino para ser venerado.

Los materiales son otro pilar del discurso estético: terciopelos bordados, brocados florales, encajes de hilo de oro y seda, y aplicaciones metálicas que reproducen motivos celestiales. Cada prenda parece haber sido tejida en la penumbra de una capilla barroca, entre rezos, incienso y notas de órgano.

Entre Tiziano y Sorrentino: referencias cruzadas
Dolce & Gabbana construyen un puente entre la pintura del Renacimiento y el cine contemporáneo. Tiziano, Miguel Ángel, Bernini y Rafael están tan presentes como las miradas fílmicas de Fellini, Sorrentino o Edward Berger. El desfile no solo remite a la religión, sino a su representación estética: la liturgia católica como una escenografía perfecta de poder, jerarquía, belleza y misterio.

El acto de vestir se convierte en una forma de ascensión simbólica. Cada look funciona como una declaración de poder, una prenda que impone respeto y reverencia. El exceso, aquí, no es un error: es un código. La Alta Sartoria se presenta como un ritual visual, un ejercicio de magnificación.
El desfile como procesión secular
El puente que lleva al Castel Sant’Angelo, custodiado por ángeles esculpidos por Bernini, fue el preámbulo de una procesión moderna. Figuras vestidas con atuendos inspirados en el clero encabezaban la marcha, transformando la pasarela en una misa laica donde la moda se convierte en rito y la audiencia, en congregación.

Las luces doradas, la arquitectura imperial y los bordados celestiales componían un paisaje visual que desafiaba la línea entre lo religioso y lo escénico. Dolce & Gabbana lograron capturar la esencia de Roma: su capacidad de conmover desde lo monumental, de convertir cada gesto en algo casi divino.
Alta costura, alta devoción
Esta colección Alta Sartoria no busca lo funcional ni lo discreto. Busca lo eterno. Cada prenda es un testimonio de devoción al arte del vestir, de veneración a la belleza hecha a mano, de respeto profundo por la historia del traje y su poder simbólico.

En un mundo acelerado, donde la moda rápida parece ganar terreno, Dolce & Gabbana elevan su mensaje: vestir también puede ser un acto de fe. Y en Roma, ciudad de emperadores y papas, de esculturas y milagros, esa fe encuentra su lugar más natural.
vestir como acto de poder y belleza
La presentación de la colección Alta Sartoria 2025 en Castel Sant’Angelo confirma el deseo de Dolce & Gabbana de mantener viva la tradición artesanal italiana, no solo como técnica sino como narrativa. El diseño, cuando es llevado a este nivel, se convierte en un lenguaje universal de belleza, devoción y poder.

Y aunque el desfile haya durado solo una noche, su impacto resuena como una liturgia que queda grabada en la memoria: majestuosa, teatral y absolutamente inolvidable.
Por Adrián Morales





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