La moda y el cosmos se alinearon en París. Con una puesta en escena de escala celestial, Matthieu Blazy presentó su primera colección para Chanel, inaugurando una nueva era para la maison francesa. El Grand Palais —símbolo de la grandeza parisina— se transformó en un universo flotante donde planetas suspendidos y luces cambiantes envolvieron la pasarela como si de una galaxia se tratara.
La colección Primavera-Verano 2026 de Chanel fue más que un desfile: fue una exploración visual y emocional sobre lo eterno y lo efímero. En el centro del espectáculo, Blazy propuso un diálogo entre la herencia de Gabrielle “Coco” Chanel y una visión contemporánea del lujo, marcada por la fluidez, la curiosidad y la universalidad.

Una constelación de símbolos
Desde el primer momento, la atmósfera fue hipnótica. Una serie de orbes flotantes, de distintas escalas y colores, se alzaban sobre una pasarela espejada que multiplicaba su reflejo, evocando la inmensidad del espacio. La luz cambiaba con el ritmo de la música, creando la ilusión de un cielo en movimiento.
Blazy —quien llega a Chanel tras una destacada etapa en Bottega Veneta— describió su intención como “crear un sueño universal, algo fuera del tiempo”. En sus palabras, la moda debía hablar un lenguaje compartido, un recordatorio de que “todos miramos el mismo cielo, y sentimos las mismas emociones”.
La puesta en escena, más allá del espectáculo visual, funcionó como una metáfora de la identidad Chanel: un sistema solar donde los códigos clásicos orbitan alrededor de una nueva interpretación.
La herencia de Gabrielle Chanel, en clave galáctica
Blazy retomó la fascinación de Gabrielle Chanel por la astrología y el destino. “Amo todo lo que está arriba: el cielo, la luna, creo en las estrellas”, decía la diseñadora. Esta cita se hizo tangible en la pasarela: un universo donde los astros se reflejaban en el suelo, como si la moda misma habitara entre las estrellas.
El tweed, el jersey y la seda —materiales insignia de la casa— fueron reinterpretados con texturas suavizadas y estructuras abiertas. Las chaquetas icónicas se transformaron en piezas más sueltas, con hombros redondeados y proporciones que desafiaban el equilibrio entre lo femenino y lo masculino.
El espíritu andrógino que definió el legado de Coco reapareció con fuerza. Las líneas se disolvieron en trajes fluidos, camisas ligeras y pantalones de caída relajada que se movían con naturalidad bajo las luces cambiantes. El resultado fue una sastrería etérea, que combinaba precisión con movimiento, evocando la libertad que Chanel siempre defendió.
El cuerpo como órbita
La colección propuso una lectura poética del cuerpo: no como un centro, sino como un satélite que flota en equilibrio. Los vestidos largos de gasa parecían deslizarse sin peso, mientras que los tejidos metálicos creaban destellos que imitaban las constelaciones.
Los accesorios —broches en forma de estrella, cinturones con pequeñas lunas, bolsos plateados con relieve de constelaciones— funcionaron como guiños al cosmos, sin caer en el exceso. Cada elemento parecía cumplir una función dentro del sistema solar Chanel: armonía entre herencia, artesanía y futuro.

Una era Blazy en clave universal
Con este debut, Matthieu Blazy no solo rindió homenaje al legado de Chanel, sino que redefinió su lenguaje visual. Su enfoque no busca sustituir la feminidad clásica de la maison, sino expandirla hacia un terreno más simbólico, espiritual y contemporáneo.
El resultado fue una colección que trasciende el tiempo y la geografía, una oda a la observación del cielo como gesto común entre todos los seres humanos. En una industria donde lo nuevo suele imponerse a lo esencial, Blazy propone lo contrario: mirar hacia arriba, hacia lo eterno.
El futuro de Chanel brilla en el firmamento
El desfile cerró con una imagen imposible de olvidar: una lluvia de luces proyectadas sobre el techo del Grand Palais, simulando estrellas fugaces. Mientras los modelos desaparecían entre reflejos y sombras, quedaba claro que Chanel, bajo la dirección de Blazy, entra en una etapa galáctica y humanista.
Lejos de limitarse a una colección más, Chanel Primavera-Verano 2026 se siente como el inicio de un nuevo capítulo: uno donde la moda no solo viste cuerpos, sino constelaciones enteras de ideas, emociones y memorias.Porque si algo dejó claro Matthieu Blazy en su debut, es que el universo Chanel sigue en expansión.









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