Hay historias que no nacen bajo reflectores ni en sets con decenas de personas corriendo alrededor. Hay trayectorias que empiezan lejos, muy lejos, del ruido mediático. En el caso de Martín Saracho, el punto de partida no fue un casting, ni una escuela de actuación, ni un “break” viral. Todo comenzó en Guasave, Sinaloa, en una vida que parecía destinada a un rumbo completamente distinto.
Estudió comunicación, vivió la vida universitaria en Hermosillo, siguió los caminos esperados… hasta que algo hizo “clic”. Un impulso tan honesto como arriesgado lo llevó a dejar la carrera, empacar lo esencial y llegar a la Ciudad de México con una convicción: quería actuar. No había certezas. No había garantías. Pero había hambre.
Y la apuesta valió oro.
Hoy, años después de esa decisión que podría haberse sentido como salto al vacío, Saracho se coloca en una posición envidiable: protagoniza “Yellow”, la nueva serie original de HBO Max, una mezcla electrizante de comedia oscura, aventura carretera y drama emocional que promete convertirse en uno de los estrenos más comentados del año.

Del Sinaloa a HBO Max: la historia real detrás del nuevo protagonista de “Yellow”
El ascenso de Martín no fue instantáneo; fue más parecido a encender un motor viejo: paciente, ruidoso, pero decidido. Su nombre comenzó a aparecer en producciones que se quedaban en la conversación. Lo vimos en “Amarres”, sorprendió en “¿Quién mató a Sara?”, exploró nuevas facetas en “Sierra Madre” y se entregó por completo en “Háblame de ti”.
En teatro, su presencia escénica lo consolidó aún más: Siete veces adiós, La piedra oscura y Estúpida historia de amor en Winnipeg demostraron que lo suyo no era moda, sino vocación.
Pero ningún proyecto se parece a “Yellow”.
“Yellow”: la locura necesaria que llega a HBO Max
La serie, creada por Sofía Auza y codirigida junto a Silvana Aguirre, construye una historia frenética que combina adrenalina con humanidad. Un caos perfectamente calculado.
Todo inicia cuando Dan (Tessa Ia) y Nico (Lizeth Selene) cometen un robo tan impulsivo como torpe. En su intento por escapar, roban un taxi que, claro, es de transmisión manual… y ninguna de las dos sabe manejarlo. La solución absurda (y brillante) es secuestrar al conductor: Richie, interpretado por Martín.
Richie es un ex piloto de carreras con una profunda crisis existencial, una especie de fantasma emocional que sigue vivo sin ganas de estarlo. Lo que empieza como un secuestro improvisado, pronto se convierte en un viaje delirante donde la huida se siente como la metáfora perfecta de lo que a veces necesitamos para volver a empezar.
La serie combina humor negro, aventura, crimen ligero y momentos devastadores, con un sello irreverente y profundamente mexicano: reírnos del desastre, aunque duela.
Un personaje que dolió… y sanó
Cuando Martín recibió la primera prueba de casting, algo lo atravesó de inmediato. Esa intuición rara que aparece cuando un personaje te toca de verdad.
“Es difícil que un proyecto te atrape tan rápido. Leí las escenas que mandaron y pensé: ‘¿Qué es esto?’ Había un mundo muy original, muy complejo. Desde ahí lo quise”, cuenta el actor.
Durante el proceso, Saracho se enfrentó a Richie desde varios ángulos: el humor, la tristeza, la culpa, la desesperanza y ese cansancio vital que habita a quienes tocan fondo sin decirlo.
Interpretarlo lo llevó a investigar, a aprender y a reconciliarse con partes de sí mismo.
“Todos hemos pasado por momentos difíciles. Me reconocí mucho en Richie. Entenderlo me hizo entender cosas mías también.”
Además , dato inesperado, tuvo que aprender a manejar transmisión manual, perder el miedo a conducir, porque su personaje prácticamente vive detrás del volante. La vida imitando al arte, el arte obligando a la vida a actualizarse.

Un viaje emocional en carretera
La estética de “Yellow” abraza lo mejor del género “road trip”. Se filmó en locaciones de Baja California y la Ciudad de México, apostando por carreteras extensas, paisajes polvorientos y esa sensación de libertad rabiosa que solo existe cuando no hay plan, solo movimiento.
Pero el viaje no es solo físico. “Yellow” es una ruta emocional: amistades fracturadas, lealtades incómodas, heridas que no cierran, y la necesidad urgente de volver a sentir algo… lo que sea.
La visión de Auza y Aguirre se sostiene en personajes femeninos complejos, vulnerables, impulsivos y profundamente humanos, sin caer en solemnidades. Su comedia es inteligente, su caos es necesario y su narrativa respira autenticidad latinoamericana.
Un elenco que sostiene el vértigo
Tessa Ia encarna a Dan con una potencia visceral que seduce y aterra. Lizeth Selene da a Nico una fragilidad valiente que equilibra el desastre. Eréndira Ibarra y Humberto Busto completan el reparto con fuerza, construyendo un mundo convincente, cercano y lleno de textura.
Y en medio de ese huracán, Martín Saracho brilla.
Su Richie es un hombre roto que, sin quererlo, encuentra un lugar en el caos de quienes también están escapando. Su dolor es espejo, su humor es defensa, y su presencia se vuelve el corazón emocional de la serie.

El impacto de un protagónico en HBO Max
Para Saracho, este protagónico representa un parteaguas. No solo es un logro personal, sino un paso importante dentro del panorama audiovisual de la región.
“Da visibilidad. Abre espacio para contar historias diversas. Cuando hay apoyo, la creatividad latinoamericana florece.”
El estreno de “Yellow” llega en un momento en el que las plataformas globales buscan narrativas frescas, auténticas y con identidad. Y esta producción, realizada por The Immigrant, tiene todo para destacar.

El inicio de algo grande
La serie se estrena el 27 de noviembre de 2025 en HBO Max, y la expectativa es alta. No solo por la historia, sino por lo que representa: una apuesta por la creatividad mexicana, por nuevas voces y por actores dispuestos a arriesgarlo todo.
Martín Saracho está listo. Nervioso, emocionado, agradecido. Y sabemos por qué.
“Yellow” no es solo una serie. Es un punto de inflexión. Un recordatorio de que a veces basta un “sí”, una decisión impulsiva, un salto al vacío para que la vida cambie para siempre.
Y vaya que la de Martín cambió.





Deja un comentario