Hay personas que parecen estar hechas para moverse. Mike Fajardo es una de ellas. Actor, DJ, creador de contenido y, antes que todo eso, alguien con una curiosidad difícil de contener, él mismo se define como una “ardilla que no para quieto”. Y quizá esa sea la mejor manera de entender una trayectoria que no ha seguido una sola línea, sino varias al mismo tiempo.

Antes de convertirse en un rostro reconocible frente a las cámaras, Mike Fajardo estudió Ingeniería Industrial mientras, de manera paralela, se formaba en actuación, una disciplina que había despertado su interés desde muy joven. Su preparación interpretativa lo llevó por el madrileño Estudio Corazza y posteriormente por una escuela de actuación en Chicago. Desde entonces, ha construido una trayectoria entre el cine, la televisión y las plataformas digitales, mientras las redes sociales abrieron para él un nuevo espacio de expresión que terminó convirtiéndose en una comunidad propia.

Hoy, mientras forma parte del elenco de El otro padre, la nueva producción de Netflix protagonizada por Silvia Navarro, Paola Nuñez, Manolo Cardona, Azul Guaita, Erik Hayser y Mike Fajardo, entre otros talentos, el actor se encuentra en un momento particularmente interesante: ese lugar en el que las diferentes versiones de uno mismo dejan de competir y comienzan a convivir.

Y quizá eso sea crecer: entender que no tienes que elegir una sola identidad para demostrar que eres profesional.

De la ingeniería a la actuación: una vida que nunca siguió el camino obvio

La historia de Mike con la interpretación comenzó mucho antes de las redes sociales. Desde pequeño tuvo contacto con el mundo de la actuación y poco a poco entendió que quería convertirlo en una parte importante de su vida.

Su formación tampoco fue improvisada. Estudiar actuación mientras construía una preparación académica en otro campo habla de una inquietud que permanece presente en su personalidad: la necesidad de aprender.

Entre sus trabajos se encuentra Parte de Farándula, su primera película como protagonista, además de su participación en El Bar, de Álex de la Iglesia, y en una serie para Atresmedia.

Después llegó un capítulo completamente diferente.

Durante la pandemia, Mike vivía en Milán. El confinamiento lo llevó de regreso a Madrid, a casa de sus padres, donde su hermana pequeña pasaba buena parte del día viendo TikTok. Lo que comenzó como una broma entre hermanos terminó convirtiéndose en algo mucho más grande.

Empezaron a grabar videos juntos. Y la audiencia respondió.

Lo que parecía un experimento casual terminó construyendo una comunidad digital y convirtiendo a Mike también en creador de contenido.

La ironía es que aquello que pudo parecer una desviación de su carrera como actor terminó convirtiéndose en otra herramienta para entenderla.

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Cuando ser creador de contenido no significa dejar de ser actor

Existe un prejuicio que Mike conoce de primera mano: la idea de que un actor que también crea contenido en redes sociales es menos serio que aquel que solamente ha seguido el camino tradicional.

Y él no está de acuerdo.

Durante nuestra conversación con The Title, habló con contundencia sobre esa percepción.

Son prejuicios”, explica al hablar de las etiquetas que la industria puede colocar sobre quienes tienen más de una faceta profesional.

Para Mike, ser creador de contenido también es un trabajo. Y tener una audiencia no debería borrar las horas de formación, los castings, los ensayos o la experiencia que existen detrás de un actor.

La comparación que hace resulta especialmente poderosa: así como nadie debería asumir que una persona es poco inteligente por haber sido reina de belleza, tampoco debería suponerse que un actor carece de preparación simplemente porque también trabaja en redes.

Hay actores con experiencia y hay actores sin experiencia. Hay creadores que han hecho otras cosas aparte de crear y otros que no”, señala.

La frase resume una industria que todavía está aprendiendo a convivir con una nueva generación de intérpretes.

Hoy, un actor puede llegar a una audición con millones de seguidores. Un creador puede convertirse en protagonista. Y alguien que comenzó haciendo videos por diversión puede terminar construyendo una carrera profesional frente a las cámaras.

Las redes sociales cambiaron las reglas

Para Mike, las redes sociales sí han transformado la industria del entretenimiento, aunque prefiere no definirlas simplemente como una democratización.

Lo que sí hicieron, explica, fue permitir que muchas personas pudieran mostrar su talento sin necesitar inicialmente a un intermediario.

Cualquier persona tiene su estrella personal y puede brillar”, comparte.

Es una idea que conecta con la esencia de las plataformas digitales: ya no siempre necesitas esperar a que alguien te descubra. Puedes construir tu propio espacio, encontrar una audiencia y demostrar lo que eres capaz de hacer.

Pero esa libertad también tiene contradicciones.

Tener seguidores puede abrir una puerta, pero no garantiza que exista una buena historia detrás de ella. Mike es muy claro al respecto: una cantidad enorme de followers no necesariamente significa éxito en taquilla o audiencia.

Y ahí aparece uno de los debates más importantes de la industria actual: ¿qué debe pesar más al elegir un elenco, el alcance digital de un actor o su capacidad interpretativa?

Para Mike, una historia bien contada puede triunfar incluso con rostros desconocidos. El ejemplo de Élite resulta inevitable: antes de convertirse en un fenómeno mundial, muchos de sus jóvenes protagonistas no eran figuras conocidas.

La audiencia terminó encontrándolos.

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Nacho Iglesias: el personaje que le enseñó a Mike a vivir

En El otro padre, Mike interpreta a Nacho Iglesias, un creador de contenido español cuya personalidad espontánea, extrovertida y empática conecta con Julieta, interpretada por Azul Guaita.

Pero detrás de la energía y el carisma del personaje existe una historia profundamente emocional.

La serie sigue a Maca, una médica cuya hija Julieta necesita urgentemente un trasplante de riñón. El problema es que el único donante compatible no es quien todos esperaban, sino el padre biológico de la adolescente: un hombre del pasado de Maca cuya existencia permaneció oculta durante años.

En medio de ese conflicto familiar aparece Nacho.

Su relación con Julieta introduce una dimensión distinta a la historia. Él representa para ella independencia, autenticidad y una manera de observar la vida sin miedo.

Pero el personaje terminó enseñándole algo al propio Mike.

Cuando le preguntamos qué personaje había cambiado su manera de entenderse a sí mismo, no dudó en mencionar a Nacho.

“Nacho es una persona que sabe disfrutar el presente”, explica.

Y ahí aparece el corazón de esta entrevista.

Nacho se enamora de una mujer que podría morir al día siguiente. Sabe desde el principio que está enferma, que necesita un trasplante y que existe la posibilidad real de perderla.

Aun así, decide sentir. Decide quedarse. Decide vivir lo que está ocurriendo.

Mike reconoce que él no funciona de esa manera.

“El Nacho es capaz de vivir el presente, yo no”, admite.

La confesión resulta inesperadamente hermosa porque no habla de actuación, sino de humanidad.

La vida que ocurre mientras hacemos otros planes

Vivimos intentando llegar al siguiente punto. El siguiente proyecto. El siguiente viaje. El siguiente casting. El siguiente objetivo. La siguiente versión de nosotros mismos.

Y en esa carrera constante existe el riesgo de olvidar que la vida también está ocurriendo mientras intentamos construirla.

Interpretar a Nacho hizo que Mike se preguntara qué significa realmente estar presente.

Me ayuda a entender y a intentar día tras día cada vez más vivir y estar presente en el momento en el que estás”, comparte.

Quizá esa sea una de las lecciones más difíciles de aprender cuando tienes una personalidad inquieta y una carrera que se mueve constantemente.

No todo tiene que convertirse en productividad. No todo momento tiene que conducir a algo. A veces simplemente hay que estar ahí.

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México y la sensación de encontrar otra casa

El otro gran capítulo de la vida reciente de Mike está en México.

Cuando recibió la oportunidad de participar en El otro padre, todavía vivía en España. El proyecto significó un reto profesional importante, pero también terminó convirtiéndose en una experiencia personal que modificó su relación con el país.

Mike decidió establecerse temporalmente en México.

Y cuando se le pregunta qué es lo que más disfruta de vivir aquí, responde con una palabra:

La gente.

“La cercanía que tiene el pueblo mexicano es impresionante. Quizá ustedes no son conscientes de ello porque están acostumbrados, pero para alguien que viene de fuera se nota muchísimo”, cuenta.

Esa cercanía llegó a convertirse en vínculos reales. Tanto, que el actor asegura haber encontrado en México una especie de segunda familia.

Para alguien que llegó desde España para trabajar, la experiencia terminó siendo mucho más profunda que un proyecto profesional.

México se convirtió en parte de su historia.

Ser muchas cosas sin pedir permiso

Quizá lo más interesante de Mike Fajardo no sea todo lo que hace, sino la libertad con la que ha aprendido a habitar cada una de sus facetas. Actor, creador de contenido y DJ, no parece interesado en elegir una sola identidad, sino en permitir que todas convivan. En una industria que suele encasillar, Mike ha encontrado en esa multiplicidad una forma de mantenerse curioso, seguir aprendiendo y, sobre todo, evolucionar.

Esa misma sensibilidad también atraviesa su manera de acercarse a la actuación. Para él, interpretar no significa únicamente convertirse en otra persona, sino encontrar algo propio dentro de cada personaje. Nacho le enseñó a mirar el presente con más atención; México le mostró que un lugar puede sentirse como hogar incluso lejos de casa; y las redes sociales le confirmaron que aquello que comienza como una broma también puede convertirse en una carrera.

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Tal vez por eso su historia se parece tanto a la ardilla con la que él mismo se identifica: inquieta, curiosa y siempre en movimiento. Solo que, en medio de todo ese camino, Mike parece haber descubierto que avanzar también implica detenerse de vez en cuando.

Porque no todo se trata de llegar a lo que sigue; también hay que aprender a estar presente en el lugar donde la vida está sucediendo.

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