En una época donde las colaboraciones entre marcas y estudios de diseño suelen limitarse a lo fotogénico o viralizable, adidas da un paso fuera del camino convencional —literal y simbólicamente— con su más reciente proyecto: una pista de atletismo de 200 metros construida en una remota mina activa de yeso cerca de Santa Fe, Nuevo México. Este proyecto no solo es una metáfora visual; es una experiencia física que desafía la noción de lo que puede ser una campaña de lanzamiento de producto.
Una pista en el desierto que desaparece: la apuesta más radical de adidas
Concebida para presentar su colección de calzado EQT, la instalación forma parte de una colaboración con el estudio de diseño Playlab. El resultado es una estructura efímera que cruza las fronteras entre el deporte, el land art, la sostenibilidad y el performance ambiental. Todo esto, a más de 2,000 metros sobre el nivel del mar.
“Queríamos construir algo alejado de los centros culturales”, explica Archie Lee Coates, cofundador de Playlab. “Un lugar al que hubiera que llegar. Algo que evocara una peregrinación”. Y lo lograron. El sitio elegido está inmerso en el árido desierto de Nuevo México, un espacio blanco y mineral que bien podría confundirse con un paisaje marciano.
Aquí no hay pantallas, ni tribunas, ni urbanismo. Solo una pista ovalada construida con materiales del lugar, incrustada en la tierra y teñida con pigmentos naturales que, con el tiempo, se desvanecerán. La pista está pensada para desaparecer, pero no sin antes dejar una huella emocional.

De Michael Heizer a Adidas: referencias al land art
El diseño de la pista remite de inmediato al land art de los años 70, en especial a obras como Double Negative de Michael Heizer o el mítico Spiral Jetty de Robert Smithson. También evoca estructuras simbólicas como las del artista alemán Hansjörg Voth o las rutas de peregrinación como el Camino de Santiago. Esta conexión no es casual.
Más que una pista para correr, esta instalación funciona como un dispositivo de orientación espacial y espiritual. Correr aquí no es solo un acto físico, sino un ritual. El corredor entra en un diálogo con el paisaje, el polvo, el viento y el sol. Hay algo casi místico en dar vueltas sobre una pista construida de la misma materia que la rodea.

Materiales que regresan a la tierra
Una de las ideas centrales del proyecto es su temporalidad. Todos los elementos —desde el muro exterior de un metro, los bancos, la zona de fuego y los asientos empotrados— fueron construidos con yeso crudo extraído de la propia mina. En lugar de importar materiales, Playlab y Adidas decidieron trabajar con lo que ya estaba disponible, abrazando el principio de mínima intervención.
La pista no solo será desmontada al concluir su vida útil: sus materiales volverán al ciclo productivo de la mina, transformándose en paneles de yeso para construcciones locales. Así, el proyecto se convierte en una declaración de economía circular, arquitectura regenerativa y respeto por el entorno.

Un espacio para correr, descansar, reunirse
La pista está formada por un doble anillo ovalado. El anillo exterior permite vistas panorámicas del paisaje desértico, mientras que el interior, más elevado, resguarda un espacio comunitario con fogata incluida. Esta dualidad entre lo público y lo íntimo, lo funcional y lo poético, convierte a la instalación en algo más que un sitio para entrenar: es un pabellón temporal, una pausa en el tiempo.
Aquí se puede correr, sí. Pero también detenerse, conversar, contemplar. En lugar de una celebración del rendimiento físico extremo, este espacio sugiere una experiencia más lenta, más humana. Se trata de reconectar con el cuerpo, con el entorno y con los otros.

Diseño honesto, branding sutil
Lo más sorprendente del proyecto es lo que no tiene. No hay logos gigantes, ni frases motivacionales impresas en vinil, ni presencia de celebridades. No hay ninguna huella directa del marketing clásico. Y sin embargo, el impacto de la acción de marca es profundo.
Adidas y Playlab apostaron por una estética de lo esencial: formas simples, materiales sinceros, integración con el entorno. El branding aquí es conceptual, no gráfico. Y eso —paradójicamente— refuerza el posicionamiento de la marca como innovadora, consciente y culturalmente relevante.

¿Deporte o instalación artística?
Es difícil clasificar esta obra. ¿Es una pista de atletismo? ¿Una pieza de arquitectura efímera? ¿Una intervención artística? ¿Una campaña de moda? La respuesta podría ser: todo lo anterior.
Adidas demuestra que el storytelling en el deporte no necesita gritar para ser poderoso. A veces, basta con construir un óvalo de yeso en medio del desierto y dejar que el viento lo explique. Este tipo de acciones no solo inspiran, también abren nuevas posibilidades para el futuro de la relación entre deporte, diseño y paisaje.





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