El cónclave es un invento medieval para garantizar la independencia de la elección papal. En la antigua Iglesia primitiva, el obispo de Roma era elegido por consenso entre clero y pueblo local En 1059, el papa Nicolás II, con la bula In nomine Domini, reservó la elección exclusivamente al Colegio Cardenalicio. A lo largo de los siglos siguientes hubo largos períodos de interregno y violencia política, hasta que en 1274 el papa Gregorio X, tras el cónclave de 1268-1271, promulgó la bula Ubi periculum: era el primer reglamento formal de cónclave, que obligaba a los cardenales a encerrarse “bajo llave” hasta elegir pontífice​. En 1621 el papa Gregorio XV confirmó la regla actual de mayoría de dos tercios en Aeterni Patris Filius, requisito ya aprobado por el Tercer Concilio de Letrán (1179)​.

La práctica conclavaria continuó evolucionando: en 1587 el papa Sixto V limitó el número de cardenales a 70; en 1970 Pablo VI excluyó del voto a los purpurados mayores de 80 años (motu proprio Ingravescentem Aetatem). La normativa vigente es la constitución apostólica Universi Dominici Gregis (Juan Pablo II, 1996, con reformas de Benedicto XVI) que establece la mayoría cualificada de dos tercios para la elección.El último cónclave tuvo lugar en 2013, cuando Jorge Mario Bergoglio fue elegido papa Francisco​.Tras la muerte de Francisco el 21 de abril de 2025 (a los 88 años). la Iglesia convocó un nuevo cónclave, fijado para el 7 de mayo de 2025.

Participantes y reglas de votación

Solo participan como electores los cardenales con menos de 80 años​.Pablo VI estableció esa edad límite en 1970, y hoy el colegio cardenalicio electivo ronda los 100–120 purpurados. En 2025 serán aproximadamente 133 elegibles (aunque la norma fija 120 el máximo que pueden votar​.Tres cardenales revisan y otros tres escrutan los votos en cada escrutinio.No existe un “requisito especial” para ser Papa: en teoría podría ser un laico, pero en la práctica siempre ha sido un cardenal.

La votación es secreta. Cada cardenal escribe en su papeleta la fórmula latina “Eligo in Summum Pontificem” seguida del nombre del candidato elegido (se pronuncia en voz alta ante tres escrutadores)​.Según las reglas actuales, cada día de cónclave incluye al menos dos rondas de votación (más una al final de la primera jornada).Para que la elección sea válida se requiere una mayoría de dos tercios de los votos​. La Constitución Universi Dominici Gregis permite que, si tras 24 escrutinios no hay acuerdo, los cardenales decidan por mayoría absoluta modificar el procedimiento (aunque nunca se suprime el umbral de dos tercios). Juan Pablo II mantuvo la exigencia del voto secreto para todos los sufragios.En resumen, los electores deben anotar su voto honestamente (“testificando ante Cristo”, reza la fórmula utilizada) y el resultado no se conoce hasta el final.

Ceremonias y pasos del cónclave

El proceso conclavario se puede resumir así:

  1. Vacancia de la Sede: Tras la muerte del Papa, el cardenal camarlengo verifica solemnemente el fallecimiento del pontífice y lo anuncia públicamente con la fórmula ritual en latín (tradicionalmente se golpea el pecho y se repite en voz alta: “Vigilé et vidi…”). Se informa a todos los cardenales y fieles del inicio del periodo de Sede Vacante. Se realizan ceremonias de luto (misas y rezos, novendiales) y se organiza el funeral del Papa.
  2. Convocatoria del cónclave: En las primeras congregaciones generales, los cardenales debaten la situación de la Iglesia y fijan la fecha del cónclave. Debe iniciarse entre el 15° y el 20° día tras la vacancia. En 2025 se programó oficialmente el inicio para el 7 de mayo.
  3. Reuniones preparatorias: Días antes, los cardenales se hospedan en la Casa Santa Marta (Domus Sanctae Marthae) y participan en últimas reuniones de rutina y oraciones conjuntas (incluyendo el rezo de vísperas y visitas a la tumba del Papa fallecido, como ocurrió en la Basílica de Santa María la Mayor el 27 de abril de 2025​).
  4. Misa “Pro Eligendo Pontifice”: El día del cónclave arranca con una misa solemne por la mañana. En 2025, la Santa Sede celebró a las 10:00 la Eucaristía “Pro Eligendo Pontífice” para pedir guía espiritual en la elección. Luego los cardenales descansan hasta la tarde.
  5. Clausura del cónclave: A las 16:15 h (del mismo 7 de mayo), los 133 cardenales electores se reúnen en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico​. Vestidos con sus capas rojas de gala, procesionan cantando letanías de los santos hacia la Capilla Sixtina. Al llegar, entonan el himno Veni Creator Spiritus y prestan juramento de obedecer las reglas del cónclave y guardar secreto absoluto.
  6. Entrada a la Capilla Sixtina y juramento: Ya en la Capilla, el maestro de ceremonias pontificias pronuncia la fórmula “Extra omnes”, con lo cual todos los no electores (obispos, servidores, etc.) abandonan la capilla para dejar aislados a los cardenales​. A partir de ese momento comienza el aislamiento total y las votaciones.
  7. Votaciones: Las rondas de votación se suceden según el calendario establecido: generalmente dos escrutinios cada mañana y dos cada tarde.En cada votación los cardenales depositan sus papeletas, se recuentan en voz alta los votos y luego se queman con productos especiales.
  8. Fumata: Tras cada escrutinio, las papeletas quemadas mezcladas con químicos especiales producen el característico humo. Si la fumata es negra, significa que no hubo candidato con dos tercios de votos; si es blanca, se ha elegido al nuevo Papa. Este humo sale por dos chimeneas sobre la Capilla Sixtina, y en caso de éxito su sonido suele acompañarse de campanadas desde San Pedro.
  9. Habemus Papam: Cuando finalmente un cardenal obtiene la mayoría necesaria, el nuevo Papa debe aceptar la elección y anunciar su nombre pontificio. Acto seguido, el protodiácono emerge al balcón central de la Basílica de San Pedro para proclamar el tradicional ¡Habemus Papam! al mundo entero. Entonces el pueblo congregado estalla en júbilo y el Papa recién elegido da su primera bendición como Sumo Pontífice.

Aislamiento de los cardenales

Durante el cónclave, los cardenales electores viven en reclusión total dentro del Vaticano. Se les requiere vivir en régimen de clausura: no pueden usar teléfono, Internet, prensa, radio ni recibir correspondencia externa. Sus movimientos entre la Casa Santa Marta y la Capilla Sixtina son estrechamente custodiados. Las ventanas de la Capilla Sixtina se tapan completamente y se colocan inhibidores de señal para evitar cualquier filtración de información. El camarlengo y el equipo de ceremonia deben revisar con rayos X o detectores que no haya ningún aparato de espionaje oculto en la capilla​.Todo está diseñado para que los purpurados no sepan ni puedan comunicar nada de lo que ocurre hasta el final: durante el cónclave no hay acceso a noticias ni contacto con el mundo exterioe. En suma, se crea una especie de burbuja medieval: los cardenales se aislan en Santa Marta por las noches y solo salen en grupo para votar en la Sixtina, manteniendo voto de silencio absoluto entre ellos salvo la comunicación litúrgica durante la ceremonia de apertura y el escrutinio.

Duración del cónclave

La duración de un cónclave ha variado enormemente en la historia. En tiempos medievales hubo elecciones que se prolongaron años: por ejemplo, el cónclave de 1268-1271 duró casi 3 años. Tras las reformas, los cónclaves modernos son breves: la duración media de los últimos diez cónclaves ha sido de solo tres días​. El más reciente (el de 2013) tardó únicamente dos días y 5 rondas de votación en elegir a Francisco.  Incluso se conocen casos de electos casi inmediatos: en 1503 el cardenal Giuliano della Rovere fue elegido papa Julio II en apenas unas horas tras la apertura del cónclave. En 1939, para elegir a Pío XII, se completó el cónclave en un solo día (del 1 al 2 de marzo). Sin embargo, no hay límite temporal fijo hoy en día. Tradicionalmente los cardenales procuran cerrar rápido el proceso por obediencia al voto de silencio y para evitar presiones externas, aunque podrían votar mientras sea necesario hasta lograr la mayoría.

El humo blanco y negro

Uno de los símbolos más conocidos del cónclave es la fumata: la señal de humo que informa al mundo del resultado de cada votación. Cada escrutinio se concluye quemando las papeletas con un compuesto especial en dos hornos de hierro situados en las terrazas de la Sixtina. El humo negro indica que aún no hay Papa elegido; el blanco (muchas veces clarificado con salvas de campanas) anuncia al mundo que la elección ha concluido con éxito. Este ritual data de hace siglos. En 2005, durante la elección de Benedicto XVI, la fumata salió en un tono grisáceo poco claro, lo que causó confusión entre los fieles sobre si la elección había terminado o no. Desde entonces se utilizan aditivos y bombas especiales de humo que producen un color blanco o negro muy visible, evitando dudas. Cuando por fin la fumata blanca corona el techo de San Pedro, se desata el clímax del cónclave y se confirma la llegada de un nuevo Papa.

Anécdotas de cónclaves pasados

La historia conclavaria está llena de curiosidades. Por ejemplo, en 1740 el cardenal Prospero Lambertini (futuro Benedicto XIV) caminó hasta la Sixtina bromeando con sus colegas: “Si buscáis un hombre inteligente, votad por Aldrovandi; si queréis un hombre santo, votad por Gotti; pero si preferís un tonto, votad por mí”. Finalmente fue él quien ganó el cónclave y resultó ser un Papa muy capaz​.  En 2005, como se mencionó, la inesperada fumata gris llevó a introducir mejoras técnicas para dejar claro el mensaje del humo​.  Ya en la historia más reciente, el cónclave de 2013 fue memorable: Jorge Bergoglio fue elegido en la quinta votación tras apenas dos días de deliberación convirtiéndose en el primer Papa latinoamericano y jesuita de la historia. 

Cada elección deja anécdotas propias, pero todas comparten el dramatismo único del proceso «a puerta cerrada». En 1958, por ejemplo, hubo un caso gracioso durante la fumata previa, y en cada cónclave los campaneros de San Pedro y el “juego de humo” han protagonizado pequeñas peripecias. Lo cierto es que, cuando suenan las campanas y el protodiácono proclama “¡Habemus Papam!” en el balcón, se pone fin a siglos de procedimientos y abre un nuevo capítulo en la crónica de la Iglesia.

En 2025, tras la partida de Francisco, el mundo atento espera ese momento histórico: entonces sabremos quién es el sucesor que retomará la misión de San Pedro, elegido conforme a las mismas reglas y ritos que han guiado la cristiandad por generaciones​

Por Adrián Morales

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